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La laringitis por reflujo, también conocida como reflujo laringofaríngeo (RLF), es un síndrome que se presenta con múltiples manifestaciones clínicas. Entre ellas las más frecuentemente son: carraspera, tos crónica, globus faríngeo y la disfonía.

Dichos síntomas son causados por un flujo gástrico, que en forma retrógrada alcanza la laringofaringe. Se presenta en hasta el 10% de los pacientes que acuden a la consulta otorrinolaringológica. Se ha observado que en más del 50% de los pacientes con disfonía, existen signos de la existencia de una enfermedad por reflujo subyacente.

Como parte de la clínica del RFL está la existencia de disfonía funcional, esta es definida como la dificultad en la producción de la voz, en ausencia de una alteración de la mucosa laríngea. La presencia de este síntoma, se presenta como un antecedente importante, aún por sobre el antecedente mismo de laringitis.

En general no se describen signos específicos laríngeos de inflamación, sin embargo sí existen ciertos
hallazgos capaces de sugerir fuertemente la presencia de RFL. Dentro de éstos, el más frecuente es la llamada “laringitis posterior”, que corresponde al engrosamiento, enrojecimiento y edema de la zona posterior de la laringe.

La ubicación de la laringe y su cercana proximidad al sistema digestivo hacen que sea un órgano con alto riesgo de exposición al contenido proveniente del esófago. Así que, cualquier tipo de reflujo que llegue hasta el esófago proximal y sobrepase el esfínter esofágico superior puede afectar también a la laringe, la cual tiene una mayor susceptibilidad de lesionarse con la exposición al contenido gástrico que el tejido esofágico.

Un estudio demostró que para producir cambios en el tejido laríngeo se requieren tan solo 3 episodios de RLF con un pH menor a 4 por semana, mientras que se requieren al menos 50 episodios a la semana de reflujo gastroesofágico (RGE) para producir algún grado de lesión en el esófago.

Para poder identificar esta patología es indispensable realizar una excelente historia clínica, con una completa anamnesis, indagando sobre los síntomas comunes de reflujo, síntomas relacionados con patologías de cabeza y cuello, teniendo en cuenta que la ausencia de síntomas no descarta esta enfermedad.

Como parte de las medidas generales que se deben tomar una vez hecho el diagnóstico de RFL, está el
educar a los pacientes con respecto a la naturaleza del problema y los cambios dietéticos y de comportamiento que deben realizar para disminuirlo. Dentro de los hábitos saludables se incluyen la pérdida de peso, dejar de fumar y evitar el alcohol. Los cambios en la dieta, incluyen, disminuir el consumo de chocolate, grasas, cítricos, bebidas carbonatadas, ciertos condimentos hechos en base a tomate, vino tinto, café y las comidas a media noche.

En varias ocasiones con los cambios alimentares la disfonía funcional puede solucionarse, si no es el caso, habría que seguir un plan de tratamiento con sesiones de logopedia para reeducación vocal.

Así que a la menor señal de disfonía busque un otorrinolaringólogo o un logopeda, la actuación precoz previne que todo vaya a más.

Y no te olvides. Voz, si la tienes ¡cuídala!

 

 

 

 

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