¿Cuántas veces le has dicho a tu hijo que no grite?
«Habla más bajito». «No grites tanto». «Cuidado, que te vas a quedar sin voz».
Seguramente más de una vez.
Y probablemente también te haya pasado que, unos minutos después, vuelve a gritar con la misma intensidad.
Es algo que conozco bien por mi experiencia como logopeda especialista en voz. Muchas familias se preocupan porque sus hijos hablan muy fuerte, gritan mientras juegan o terminan el día con la voz ronca.
Pero hay una pregunta que me parece importante plantearnos: ¿saben realmente los niños qué significa cuidar su voz?
Porque pedirles que no griten es relativamente sencillo. Conseguir que comprendan por qué y aprendan otras formas de utilizar su voz es bastante diferente.
¿Por qué los niños gritan tanto?
Los niños gritan cuando están contentos, emocionados, enfadados o simplemente cuando quieren hacerse escuchar.
En el patio del colegio, durante un partido de fútbol o jugando con sus amigos, elevar la voz puede parecerles la manera más natural de comunicarse.
Y no debemos olvidar algo: gritar ocasionalmente no significa que un niño tenga un problema vocal.
La voz es una herramienta de comunicación y expresión. Los niños necesitan utilizarla, experimentar con ella, cantar, jugar y descubrir sus posibilidades.
El problema puede aparecer cuando el uso de una intensidad vocal elevada es muy frecuente, especialmente si se acompaña de síntomas como ronquera, molestias o cansancio al hablar.
En estos casos, más que regañar al niño, conviene observar qué está ocurriendo.
¿Habla siempre muy fuerte? ¿Necesita gritar para hacerse escuchar? ¿Termina el colegio con la voz diferente? ¿Se queda ronco con frecuencia?
Estas preguntas pueden ayudarnos a identificar situaciones que merecen atención.
Mi hijo se queda ronco con frecuencia: ¿es normal?
Algunas familias me cuentan que su hijo vuelve del colegio con la voz ronca, pero al día siguiente parece estar mejor.
Otras dicen que su hijo tiene una voz ronca desde pequeño y que, como siempre ha hablado así, nunca le han dado demasiada importancia.
Sin embargo, la ronquera persistente o recurrente en niños no debería considerarse simplemente una característica normal de su voz.
La disfonía infantil puede tener diferentes causas.
En algunos niños puede estar relacionada con patrones de uso vocal intenso. En otros, pueden intervenir procesos inflamatorios, lesiones benignas de las cuerdas vocales u otras condiciones que requieren una valoración específica.
Por eso, no podemos asumir que un niño tiene nódulos vocales únicamente porque grita mucho.
Tampoco debemos pensar que toda ronquera desaparecerá por sí sola.
Cuando la alteración vocal persiste, especialmente durante varias semanas, es importante consultar con un profesional sanitario. Una disfonía que no mejora en cuatro semanas requiere valoración médica de la laringe, y algunos síntomas pueden justificar una consulta más temprana.
Conocer la causa permite decidir si es necesario un tratamiento y qué tipo de intervención puede resultar más adecuada.
¿Por qué decir «no grites» no suele ser suficiente?
Imagina que le dices a un niño que no debe gritar mientras juega.
Puede que durante unos minutos baje la voz. Pero enseguida se emociona, empieza a correr con sus amigos y vuelve a hablar con mucha intensidad.
¿Es que no quiere hacer caso?
No necesariamente.
Muchas veces el niño todavía no sabe reconocer cuándo está utilizando demasiada intensidad vocal ni dispone de estrategias para comunicarse de otra manera.
Además, conceptos como «forzar la voz» o «cuidar las cuerdas vocales» pueden resultar demasiado abstractos para determinadas edades.
Por eso me gusta trabajar la educación vocal desde la comprensión y no únicamente desde la prohibición.
No se trata de que el niño deje de utilizar su voz con entusiasmo, sino de que aprenda a reconocer cómo la utiliza.
Y ese aprendizaje puede empezar mucho antes de que aparezca un problema vocal.
Cinco formas de enseñar a los niños a cuidar su voz
Hay pequeños hábitos que podemos incorporar en casa sin convertir el cuidado vocal en una obligación aburrida.
1. En lugar de gritar desde otra habitación, acércate
A veces pedimos a los niños que no griten mientras nosotros mismos los llamamos a voces desde la cocina.
Los niños aprenden mucho de lo que observan.
Acercarnos para hablar con ellos puede ser una forma sencilla de enseñarles que no siempre necesitamos elevar la voz para comunicarnos.
2. Presta atención al ruido del ambiente
Cuando la televisión está muy alta o varias personas hablan al mismo tiempo, todos tendemos a aumentar la intensidad de la voz.
Reducir el ruido de fondo facilita que el niño pueda hablar sin competir constantemente con otros sonidos.
3. Enséñale a reconocer cuándo su voz está cansada
Podemos hacer preguntas sencillas:
«¿Notas tu voz diferente después de jugar?»
«¿Te cuesta más hablar cuando llevas mucho rato gritando?»
«¿Sientes alguna molestia en la garganta?»
No buscamos que el niño esté pendiente de cada sensación, sino que empiece a conocer las señales de su propio cuerpo.
4. Ofrece alternativas para llamar la atención
Si quiere hablar con alguien que está lejos, podemos enseñarle a acercarse, hacer una señal con la mano o esperar a estar a una distancia en la que pueda comunicarse sin gritar.
No siempre será posible, especialmente durante los juegos, pero son recursos que puede ir aprendiendo.
5. Utiliza cuentos y juegos
Esta es una de mis estrategias favoritas.
Los niños pueden comprender conceptos complejos cuando los presentamos a través de personajes, historias y situaciones con las que se identifican.
Un cuento puede abrir una conversación que difícilmente surgiría a partir de una lista de normas.
Y aquí es donde quiero compartir contigo un proyecto muy especial.
Cuerditas: aprender a cuidar la voz también puede ser divertido
Después de muchos años trabajando en la evaluación y rehabilitación de la voz, llevaba tiempo pensando en cómo acercar parte de ese conocimiento a los niños y a sus familias.
Quería crear una herramienta que no se quedara únicamente dentro de la consulta.
Algo que pudiera utilizarse en casa, en el colegio o como apoyo en el trabajo de otros profesionales.
Así nació Cuerditas, un cuento terapéutico para aprender a cuidar la voz.
Mi intención no era escribir un manual de recomendaciones para niños.
Quería contar una historia que despertara su curiosidad y les ayudara a comprender que la voz forma parte de ellos, que pueden aprender a reconocerla y que existen maneras de cuidarla.
Porque cuando un niño comprende el sentido de una recomendación, tenemos más posibilidades de conseguir su participación.
Y eso es especialmente importante cuando hablamos de hábitos vocales.
Un cuento para familias, profesores y logopedas
Aunque Cuerditas está dirigido a los más pequeños, también puede ser útil para los adultos que los acompañan.
Para las familias, puede convertirse en una oportunidad de hablar sobre la voz sin recurrir constantemente a las prohibiciones.
Para los profesores, puede servir como punto de partida para introducir actividades de educación vocal en el aula.
Y para los logopedas, fonoaudiólogos y orthophonistes, puede utilizarse como material educativo complementario cuando trabajan con niños que presentan dificultades vocales o necesitan mejorar determinados hábitos.
Eso sí, hay algo que considero fundamental aclarar.
Un cuento terapéutico no sustituye la evaluación ni el tratamiento de una disfonía infantil.
Cuando existe una alteración vocal, debemos comprender su origen y establecer las medidas adecuadas para cada caso.
El cuento puede acompañar ese proceso, facilitar explicaciones y favorecer la participación del niño.
Y precisamente esa es su finalidad.
La educación vocal empieza mucho antes de una terapia
A veces pensamos en cuidar la voz únicamente cuando aparece un problema.
Cuando nos quedamos roncos, cuando hablar empieza a costarnos esfuerzo o cuando necesitamos acudir a un especialista.
Pero la educación vocal también puede tener un papel preventivo.
Podemos enseñar a los niños que su voz cambia según cómo la utilizan, que es normal necesitar pausas después de hablar mucho y que no siempre hace falta gritar para hacerse escuchar.
Sin alarmismos.
Sin prohibiciones constantes.
Y, sobre todo, sin hacerles sentir que están haciendo algo malo cada vez que juegan o se emocionan.
Como logopeda especialista en voz y doctora en Ciencias de la Salud, una de las cosas que más valoro de mi trabajo es ayudar a las personas a comprender su propia voz.
Es también uno de los principios que guían mi trabajo en JMLVoice y el enfoque del Método VoicePRO: no limitarse a realizar ejercicios, sino favorecer que cada persona entienda qué está haciendo y por qué.
Con los niños, esa comprensión necesita un lenguaje diferente.
Y a veces una historia puede ayudarnos a conseguirlo.
¿Dónde puedes encontrar Cuerditas?
Si tienes hijos, trabajas con niños o te interesa la educación vocal infantil, te invito a descubrir Cuerditas.
Es un proyecto que he creado con mucha ilusión y con el deseo de que el cuidado de la voz llegue a más familias y profesionales.
📖 Descubre Cuerditas en Amazon
También puedes conocer mejor el origen del proyecto en mi artículo anterior: Cuerditas: un cuento terapéutico para cuidar la voz infantil.
Me gustaría terminar con una idea.
La próxima vez que tu hijo grite mientras juega, antes de repetirle «no grites», piensa si ya ha tenido la oportunidad de aprender qué es su voz y cómo puede cuidarla.
Quizá ese sea el mejor punto de partida.
Porque cuidar la voz no debería empezar con una prohibición, sino con la comprensión.
Si tienes voz, cuídala.
Janaína Mendes
Logopeda especialista en voz
Doctora en Ciencias de la Salud
JMLVoice · Método VoicePRO
Consulta online de voz